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Hoy en día hablamos de “metodologías ágiles” como el boom de la nueva era, la mejor forma de trabajar en equipo, de generar retorno temprano a la inversión partiendo de unos valores y principios ágiles, pero ¿qué tan cierto es esto si miramos la realidad de nuestro día a día en los equipos?, ¿realmente implementamos agilismo por moda o por necesidad? Estos cuestionamientos me los he hecho cuando he llegado a organizaciones donde dicen trabajar “ágil” pero cuando empiezo a inmiscuirme en su cotidianidad me he llenado de muchos sinsabores al encontrar una mezcla de prácticas de PMI, cascada y agilismo que lo único que hacen es confundirnos y cuestionarnos sobre ¿qué venimos siendo?, ¿en qué es lo que realmente trabajamos?

Si partimos de una base teórica deberíamos estar inspeccionando y adaptando lo que realmente nos genera valor, lo que en realidad es prioritario, tanto para las organizaciones como para las personas, independientemente del nombre que le queramos poner a la manera de trabajar.

Estos son algunos de los hallazgos con los que me he encontrado en organizaciones donde quieren mejorar, escalar o simplemente adaptarse a un cambio, pero no tienen claro cómo abordar la necesidad y mucho menos cuál es la metodología que realmente están trabajando:

Crean o “renombran” cargos sin un objetivo o skills claros: Las personas empiezan a ejercer un rol, sin tener una visión o expectativa clara de lo que espera la organización de ellos, sin tener lineamientos o incluso sin contar con la experiencia que dicho rol amerita.

No tienen equipos realmente maduros, autoorganizados y autogestionados, pero, sin embargo, sí esperan un rendimiento al 200%, aún con vacíos y desconocimientos de negocio y de tecnologías que son vitales para la implementación del proyecto.

Se preocupan más por medir que por una mejor forma de liderar: Les interesa más el cuánto se cumplió en términos de puntos de historia e incluso horas, dejando de lado la generación de valor, y es ahí donde debemos “cambiar el chip” y empezar a liderar de una manera diferente, debemos superar nuestra “adicción” a la medición, en particular, a la calificación de las personas de forma individual y de esta manera aprovechar el poder que nos da esta nueva cultura de trabajo bajo el esquema de trabajo colaborativo.

Se llenan de reuniones sin sentido: La agenda se encuentra llena de reuniones, algunas con objetivos definidos con el fin de que las personas tengan claridad del tema a trabajar, otras por cumplir con los eventos propuestos por la metodología y otras que se crean según una necesidad a resolver en el día a día, lo complejo es que al finalizar dichas reuniones, en su mayoría, se dan cuenta de que no se cumplió con el objetivo definido y en cambio se generaron más discusiones, dependencias e incluso conclusiones que no aportan al valor esperado de negocio.

Considero que la parte más compleja de romper con este paradigma es dar el primer paso, reconocer la importancia y el valor que se espera del cambio que se quiere generar al implementar alguna metodología, cualquiera que sea.

Aún se refleja en muchas organizaciones el ego, la jerarquía, los esquemas mando – control e incluso los procesos exhaustivos para cumplir simplemente con una certificación y/o nivel de madurez, caso CMMI. Cambiar este enfoque de trabajo es un reto bastante difícil, no solo porque toca partes sensibles de una organización sino porque tratar de convencer de que podemos trabajar de una mejor manera, mostrando resultados más rápidos siendo igual de productivos, detectando riesgos más tempranos y sobre todo con equipos auto-gestionados y auto-organizados  es realmente todo un desafío, y después de tenerlo materializado, el único efecto que genera es la gran satisfacción  de haber generado un cambio muy positivo en las organizaciones, apostándole no solo a la parte metodológica, sino también a la parte humana sin importar el nombre que le quieran poner a la manera de trabajar.

Por todo lo anterior, los invito a que demos espacio a la innovación, a la creatividad, a la experimentación o a aquellas cosas que independientemente del nombre que les demos nos ayudan a ser mejores como equipo y como organización en el día a día.

catalina.grajales

Ingeniera Informática, especialista tecnológica en gerencia de proyectos informáticos, Scrum Master y Agile Coach. Convencida que mientras se tenga buena actitud y ganas de aprender, jamás hay impedimento para hacer algo que no conozcas.

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